Sobre Hypnerotomachia Poliphili
(Lucha de Amor en sueños)
III

Mª Victoria Espín


Venus y Cupido sobre el túmulo de Adonis. En Hypnerotomachia Poliphili.
“Túmulo de Adonis” [1]


«Que ha coordinado (Cra. 406b7) al Dioniso encósmico con la Afrodita encósmica por el hecho de amarle a él y por modelar como imagen de él a Adonis, muy honrado por cilicios y chipriotas. // Y evidentemente hay que suponer tal amor de Afrodita como semejante al bien y providente, por realizarse desde un dios superior a uno inferior.»
(Proclo, Lecturas del Crátilo de Platón, ob. cit., CLXXX)

En el apartado sobre Dioniso, nos preguntamos si en verdad hay alguna diferencia entre Él y Amor, en todo caso uno nos ha llevado al otro. ¿O tal vez es a la inversa?

Pero sigamos; nuevamente citamos a Proclo (a continuación de Platón) que ahora nos acerca al significado del nombre de Deméter:

… creo se llama así a causa de los alimentos que nos da como una madre, (didousa oos meeter). (Platón, Crátilo o del Lenguaje).

Que del mismo modo que conviene analizar el nombre Plutón no sólo en su sentido habitual, la riqueza que procede de la tierra, sino también en el de la riqueza de la sabiduría, así también el nombre Deméter conviene analizarlo, no sólo en el sentido de alimento corpóreo, sino que es preciso considerar esta diosa la primera de los propios dioses, por ser dispensadora de alimento, primero para los propios dioses, a continuación, para los que están después de aquellos, y es preciso que la cadena de tal obra benéfica llegue hasta el alimento corpóreo. (CLXIV).

Que el término alimento, aplicado a los dioses, significa la plenitud intelectiva de los más elevados en los posteriores. Por tanto se alimentan los dioses cuando piensan a los dioses que están antes que ellos y se perfeccionan y ven las ‘bellezas inteligibles’, como la ‘justicia en sí’, la ‘sabiduría en sí’ y las semejantes. (CLXV).

Que Deméter así como propaga toda vida, así también propaga todo alimento; y tiene como modelo la Noche, pues se dice que «la Noche es ambrosía, alimento de los dioses», pero Deméter es alimento inteligible. Pues también lo inteligible es alimento según el oráculo para los órdenes intelectivos de los dioses. (…)

Así pues, nuestra señora Deméter genera no sólo la vida, sino también el perfeccionamiento de la vida desde los seres de arriba hasta los últimos; y en efecto también la virtud es perfección de las almas. Por tanto, según la imagen de esta generación eterna y doble, las madres que engendran en el tiempo engendran al recién nacido y a la vez producen de modo natural la leche, como alimento para él, y ni antes ni después. (CLXVIII).[2]

+Deméter (Ceres)[3] es la diosa vinculada a la agricultura especialmente al cereal y en concreto al trigo. De cuyas espigas es casi inseparable y así la vemos en multitud de representaciones. Por otro lado pan y vino conforman el núcleo de los Misterios dionisíaco y cristiano. El pan representa el cuerpo y el vino la sangre de la deidad. La Eucaristía renueva la presencia del misterio de Cristo, es el Misterio mismo. En el mito pagano el cuerpo del Dios devorado [4] por los titanes pasa a formar parte de la materia con que se formará la raza humana.5]

Pan y vino, Deméter y Dioniso[6] van juntos y así los vemos a ambos, al final del viaje de Polifilo en Hypnerotomachia Poliphili, en la Fuente de Venus al lado de las dos columnas de entrada; una de esmeralda (izquierda) la otra de zafiro (derecha):

Sobre el escalón superior estaba sentado ociosamente un ser lascivo, bajo la forma de un hombre y a la vez un dios nocturno.[7] Tenía el rostro de muchacha atrevida y noble, sumamente alegre, el pecho descubierto hasta el diafragma y la cabeza cornuda coronada con una guirnalda de pámpanos retorcidos y adornada con racimo de yedra; se apoyaba en dos tigres velocísimos.

Y a la izquierda, al mismo nivel, estaba sentada cómodamente una matrona bellísima y fecunda,[8] con la dilatada y rizada frente ceñida con una rubia corona de espigas. Esta ilustre diosa se apoyaba sobre dos escamosas serpientes. Cada uno tenía en su regazo sendas bolas de una materia tenue y suave, con las que, en determinados momentos, arrojaban a la fuente gota a gota, por un orificio hábil y mágico a modo de pezón, un líquido dulcísimo, espumoso y eficaz.[9]

*   *   *

Un camino conduce a lo impermanente; otro, a lo permanente. Así lo hemos escuchado de los sabios que nos lo revelaron. Aquel que comprende tanto lo permanente como lo impermanente, manteniendo ambos en tensión, con lo impermanente va más allá de la muerte y con lo permanente alcanza la inmortalidad [10]

Dioniso renace, al igual que Hiram, en toda su potencia en el hombre entregado. Y este renacimiento es la respuesta a la llamada, a la invocación efectuada desde un corazón arrebatado por el deseo, por Amor. Dice Ficino:

Puesto que desciende por cuatro grados, es necesario que por cuatro grados ascienda. El furor divino es aquél que nos eleva a las cosas superiores, como indica su definición. Cuatro, entonces, son las especies del furor divino: el primero, el furor poético, el segundo, el furor de los misterios, el tercero, la adivinación, el cuarto, el afecto del amor. (…) Finalmente, después que el alma se ha hecho una, digo, unidad que hay en la naturaleza misma y esencia del alma, sólo queda que se reduzca a aquel Uno que está sobre la esencia, esto es, Dios. Esto lo cumple la Venus celeste, por el amor, esto es, por el deseo de la belleza divina y por el entusiasmo del bien.[11]

Y Agrippa sobre este mismo tema:

En cuanto al cuarto Furor proveniente de Venus, cambia y trasmuta el espíritu del hombre en Dios por el ardor del amor, Y le torna totalmente semejante a Dios, como la propia imagen de Dios. Esto hace decir a Hermes: «Oh Asclepio! Es un gran milagro que el hombre, animal honorable y adorable, por tomar la naturaleza de Dios que le convierte en Dios, ha conocido la raza de los demonios, de modo que sabe que salió de una fuente parecida a ellos; considera la parte de naturaleza humana en él, fortificado por la divinidad de la otra parte. El alma pues modificada y convertida en semejante a Dios, recibe de él tan grande perfección que conoce todas las cosas por cierto contacto esencial de la divinidad, que la eleva por encima de todo intelecto».[12]

Venus es la clave:

Afrodita, la hija de Urano, no nace en el mar de las pasiones como la hija de Zeus; sino en las aguas celestes de la mar divina donde su padre es soberano y ella su embajadora.[13] Llevándonos directamente hacia su padre, hacia los Inteligibles, donde cesa el movimiento.

¿Cómo?

Venus es la diosa del Amor, Fanes su destino, y la unión con Él nos hace partícipes de una hierogamia que está en el origen del mundo y de nosotros mismos.

*

Sobre Hypnerotomachia Poliphili I

Sobre Hypnerotomachia Poliphili II

NOTAS

[1] «Sobre la superficie plana del sepulcro estaba sentada la madre divina, admirablemente esculpida de precioso sardónice de tres colores, como después de haber dado a luz, sobre una silla antigua cuyo relieve no excedía de la veta oscura de la piedra; por increíble artificio, todo el cuerpo de la Citerea era de la veta lechosa del ónice,… Tenía abrazado a Cupido, dándole de mamar con el pecho derecho…» (Hypnerotomachia Poliphili, ob. cit, cap. XXIV).

[2] Proclo, Lecturas del Crátilo de Platón, ob. cit.

[3] Sobre el mito y simbolismo de esta Deidad ver el artículo «En Pos de Deméter» de Mª Ángeles Díaz. Revista SYMBOLOS Nº 27-28: «Lo Femenino-La Mujer», 2004.

[4] «Los discípulos de Orfeo interpretan esta ficción diciendo que hay que entender que Baco no es otro que el alma del mundo que, como dicen los filósofos, aunque sea dividida como miembro a miembro en los cuerpos del mundo, parece volver siempre a su integridad, emergiendo de los cuerpos y configurándose, dado que sigue siendo siempre una y la misma y que su simplicidad no sufre división alguna. Se dice incluso que esta fábula se representa en los ritos del dios.» Hieros Logos, poesía órfica sobre los dioses, el alma y el más allá. Edición de Alberto Bernabé. Ed. Akal, Madrid 2003.

[5] Excepto el corazón que Atenea recoge y entrega a Zeus (padre del dios), quien se lo da a tragar a Sémele; la cual, instigada por Hera, se expone a la visión de Júpiter en toda su potencia y es reducida a cenizas. Zeus coloca en su muslo al niño en gestación y a su debido tiempo nace Dioniso. Su Padre lo da a Hermes para que lo entregue a las ninfas que se encargan de cuidarlo.

[6] Ver el cap. IV del presente libro.

[7] «Baco». (Nota de la T.).

[8] «Ceres». (id.).

[9] Sueño de Polífilo, ob. cit., cap. XXIII.

[10] Isa Upanishad, 13-14.

[11] M. Ficino, De Amore, Comentario al Banquete de Platón, cap. XIV. Tecnos, Madrid, 2008.

[12] Cornelio Agrippa, Filosofía Oculta, XLIX. Ed. Kier, Buenos Aires, 1994.

[13] «Tienen también nuestras almas, antes de que caigan en este cuerpo terreno, dos caras, esto es, que a la vez pueden conocer las cosas intelectivas y proveer a las sensibles; pero cuando en el cuerpo descienden y les sucede como si hubieran sido partidas en dos, quedándoles de las dos caras una sola, siempre que vuelven a la belleza sensible el rostro que les queda, permanecen privadas de la visión de la otra; y por ello nadie puede tener a la vez el amor vulgar y el amor celeste. Y por eso Zoroastro, en la visión de la belleza suprema, grita: abre los ojos y dirígelos hacia arriba.» (Pico della Mirandola, Comentario a una canción de amor de Girolamo Benivieni, libro III, cap. 4, trad. Oriol Miró. Ed. PPU, Barcelona 2006).